Mostrando entradas con la etiqueta funciones ejecutivas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta funciones ejecutivas. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de diciembre de 2017

La importancia de un envejecimiento activo

Según la OMS (2002), un envejecimiento activo pasa por prevenir, detectar y tratar problemas específicos de salud física y psicológica, promocionar hábitos saludables, alentar a las personas a participar plenamente en la vida de la comunidad a medida que envejecen, y proporcionar oportunidades de aprendizaje y educación durante toda la vida.

Para tener una vida con sentido es importante emprender un proceso de autodescubrimiento y ser capaz de construir una historia vital (con sentido, unidad, propósito y dirección), contando con objetivos que le den una dirección, para así evitar el mencionado descenso de los niveles de esta dimensión. También sería importante llevar a cabo la tarea propia de la vejez o generatividad, con el objetivo de contribuir al bienestar de las generaciones futuras, marcando metas y perpetuando valores y conocimientos (así se evitaría dicha insatisfacción y un descenso en la dimensión de propósito en la vida). En este sentido, otros aspectos como la religión y/o la espiritualidad también pueden contribuir a proporcionar sentido a la existencia, dirigidos a la búsqueda de la trascendencia vital, por lo que sería una buena estrategia a la que recurrir desde una etapa temprana vital hasta la vejez para que pueda servir de sustento y de apoyo a la persona. 
  • Permanecer en contacto con la naturaleza: por ejemplo, con una excursión al campo o un sencillo paseo por un río, poniéndonos en contacto con el resto de seres vivos.
  • Cuidar la alimentación y la salud: visitas al médico regularmente, tomar medicamentos si fuera necesario, evitar el consumo de tabaco o alcohol, una dieta equilibrada y variada… todos ellos hábitos imprescindibles para un envejecimiento activo.
  • Mantener buenas relaciones sociales y familiares: las relaciones personales son muy importantes a cualquier edad, pero en nuestros mayores resultan determinantes para el bienestar personal.
  • Desarrollar una ocupación: cualquier hábito que resulte enriquecedor, como realizar ejercicio, leer un libro o mantener una conversación.


Además de estos hábitos y recomendaciones que debería aplicar una persona mayor, existen muchos factores que potencian el envejecimiento activo; así, la sociedad es uno de los principales implicados. En este caso, tanto las instituciones como los distintos gobiernos deben trabajar por mantener la autonomía, el bienestar y la salud de nuestros mayores. Iniciativas que potencien el envejecimiento activo desde las distintas áreas de Sanidad, Educación, Vivienda, Justicia… y que se fundamenten en medidas como la atención sanitaria adecuada, las ayudas sociales, el derecho a una vivienda digna, la atención a las discapacidades y dependencia, la lucha contra la soledad, el desarrollo de actividades especialmente diseñadas para nuestros mayores...

El fin reside en que la tercera edad continúe siendo un protagonista fundamental de nuestra sociedad, tanto para su beneficio personal como para el desarrollo de todos en el presente y el futuro. En este sentido, por parte del entorno más cercano será fundamental alentar y estimular esta participación activa en el entorno vital de la persona, fomentando así su autonomía, que aumentará con la eliminación de barreras y con una selección y modificación eficaz de los ambientes en los que se desarrolla la vida de la persona (para un mayor control y dominio del entorno).


En definitiva, evitar una actitud y unos hábitos que resulten pasivos, porque buscar la consecución de los aspectos mencionados (a través, por ejemplo, de la integridad o la generatividad) serán indicativos de una mayor madurez, mejorarán su dominio y autonomía. Además, la búsqueda de ayuda y consejo de la red social (que influirá en una mejora de las relaciones positivas para que sean gratificantes y de calidad) son estrategias que podrán contribuir a la mejora particular de todas las dimensiones pertenecientes al bienestar psicológico, traduciéndose en una mejora subjetiva de dicho bienestar.

Leia Mais…

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Arte mayor: Música para despertar

La memoria es el diario que llevamos con nosotros a todas partes.
      (Oscar Wilde)


Hoy presentamos un proyecto muy interesante y, a la vez, emocionante, para trabajar con nuestros mayores. Música para despertar es el nombre de una terapia con un enfoque alternativo, cercano a la musicoterapia, desarrollada en 2015 por Pepe Olmedo, un joven granadino licenciado en Psicología y con un Máster en Psicología Clínica, quien combina su pasión por la psicología con su afición por la música. Él es el responsable de esta iniciativa llevada a cabo en el centro de mayores “Cáxar de la Vega”, en la localidad de Cájar.

En esta terapia, los mayores escuchan canciones que les han acompañado a lo largo de sus vidas a través de unos auriculares. Una música para despertar, para lograr recordar, para emocionarse e, incluso, para poder reducir el uso de fármacos y sus consecuentes efectos secundarios. En su trabajo Musicoterapia en demencias, la terapeuta Esther García Valverde, trabajadora del Centro de Referencia Estatal de Atención al Alzhéimer (CRE), en Salamanca, considera que "los beneficios del tratamiento farmacológico para personas con demencia son evidentes, pero también limitados. No hay medicamentos que puedan curar al paciente con demencia. Por ello se requiere un abordaje terapéutico multidimensional, que integre estrategias no farmacológicas con finalidad terapéutica". Por ello, el objetivo de este proyecto es mejorar el estado de salud de pacientes con enfermedad de Alzheimer y otras demencias neurodegenerativas, ya que oír música que ha sonado anteriormente en sus vidas mejora notablemente la calidad de vida de los mayores. Esto se debe a que la memoria musical y la capacidad de sentir emociones en la persona son las últimas competencias en desaparecer del cerebro, cuyas áreas encargadas aún se encuentran preservadas.

En este enriquecedor y multidisciplinar proyecto forman parte profesionales de diversos ámbitos médicos y artísticos, como neuropsicólogos, neurólogos, psicólogos y músicos. En este sentido, la intervención terapéutica a través de la musicoterapia incluye siempre una evaluación que analice el trabajo realizado para ver la conexión entre la mejoría y la aplicación de la música. Además, este equipo también ofrece cursos de formación sobre esta terapia para todo aquel profesional que esté interesado en aplicarla, así como una línea de investigación en Biotecnología en la que aspiran en los próximos años a poder analizar qué ocurre en el cerebro y qué áreas de él se activan cuando nuestros mayores se emocionan escuchando música. Todo ello con un mismo fin: que la música esté para siempre en todas partes y en todos nosotros. 

Porque escuchar unas notas musicales a través de unos auriculares puede esconder una acción mucho más profunda de lo que parece. Con ella, los pacientes se vuelven más atentos, más lúcidos, más sociables y demuestran una mayor coherencia y optimismo dentro de la situación en la que se encuentran. Con la música disminuyen alteraciones como trastornos de comportamiento (agitación, agresividad, deambulación...) y mejoran aspectos como la cooperación social, la ingesta, el aseo, el lenguaje y, como cabe esperar, el estado de ánimo del enfermo, de su entorno y de todos los que le cuidan y atienden. A continuación podéis ver parte del proyecto en el siguiente vídeo, unas imágenes emotivas de cómo este proyecto actúa beneficiosamente sobre los enfermos y sobre los que le rodean.



El sufrimiento que da el Alzheimer no duele en lo físico. Destroza el alma. Hace añicos el corazón.
     (Clara Cortés)

Leia Mais…

martes, 5 de diciembre de 2017

¿Con qué instrumentos puede evaluar un psicólogo una enfermedad neurodegenerativa?

A continuación destacamos una serie de instrumentos, herramientas y cuestionarios validados con el fin de explorar la sintomatología asociada a enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson, así como evaluar aquellas consecuencias derivadas de diversos factores emocionales, cognitivos y conductuales. Es importante recordar que resulta primordial una recogida previa de datos y experiencias de la persona, así como una entrevista previa en la que se pueda obtener la máxima información posible con la que luego trabajar y poder completar los resultados obtenidos de los siguientes instrumentos. Toda persona es única y diferente, por eso es importante apoyarnos y centrarnos en la individualidad que sus propias vivencias nos transmitan.
  • Cuestionario de Síntomas no Motores en Enfermedad de Parkinson (PD NMS Quest): se trata de una lista de 30 problemas conductuales, cognitivos y afectivos en los que el paciente determinará si le han ocurrido durante el último mes, tales como alteraciones en la percepción, nerviosismo, miedo, problemas atencionales o sentimientos de desesperanza en su vida diaria.
  • Escala de Hoehn y Yahr: instrumento utilizado para evaluar el aspecto motor en la enfermedad de Parkinson. Evalúa cinco estadios de progresión de la enfermedad, desde síntomas leves hasta la dependencia total.
  • Escala Intermedia de Valoración para la Enfermedad de Parkinson: determina posibles alteraciones en el lenguaje, en la ingesta y diversas conductas motoras autónomas, como la higiene o el vestido. Además, valora la presencia de discinesias y las fluctuaciones temporales que se dan en las distintas conductas.
  • Cuestionario de calidad de vida en la Enfermedad de Parkinson (PDQ-39): determina la frecuencia de conductas disfuncionales, sentimientos negativos y actitudes problemáticas presentadas como consecuencia de padecer la enfermedad.
  • Alzheimer Disease Assessment Scale (ADAS): Escala de Evaluación de la Enfermedad de Alzheimer, formada por 11 ítems que evalúan las dimensiones cognitivas (lenguaje, memoria, praxis)y no cognitiva (neuropsiquiátricos).
  • Test del Reloj: esta prueba se utiliza para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia, evaluando la percepción visual, la coordinación visomotora, la capacidad visoconstructiva y de planificación y la ejecución motora. Así, se pueden valorar diversas funciones cognitivas de la persona, como el lenguaje, la memoria a corto plazo, las habilidades visoespaciales...
  • Escala de Schwab y England: también valora la capacidad funcional en una escala del 0 al 100%.
  • Escala Unificada de Valoración de la Enfermedad de Parkinson (UPDRS): consta de cuatro subescalas con un total de 45 ítems, usada para describir la progresión de los síntomas motores y no motores, determinando las limitaciones en las actividades diarias. 
  • Otras escalas para evaluar habilidades funcionales: Índice de Actividades de la Vida Diaria (Katz), Índice de Actividades de la Vida Diaria de Barthel, Escala de Actividades de la Vida Diaria Instrumentales de Lawton y Brody, Escala de Incapacidad Física de la Cruz Roja y Cuestionario del Informador (IQCODE)
  • Escalas clínico-evolutivas de gravedad del deterioro: Clinnical Demetia Rrating (CDR) y Global Deterioration Scale (GDS).
Aunque los siguientes instrumentos no sean propios de la evaluación neuropsicológica de demencias, sí sería recomendable su aplicación profesional debido a la sintomatología que subyace a estas enfermedades. Como ya hemos destacado en anteriores entradas de este blog, un envejecimiento patológico abarca más allá de los característicos síntomas físicos, extendiéndose su presencia a determinadas alteraciones en el ámbito cognitivo, conductual y emocional. 
  • Mini-Mental State Examination (MMSE): breve cuestionario de 30 ítems utilizado para detectar el deterioro cognitivo y posibles demencias en pacientes con alteraciones neurológicas.
  • Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage (GDS): escala autoaplicada de respuesta dicotómica (sí/no) que permite identificar síntomas depresivos en personas ancianas, evaluando además la sobrevaloración de síntomas somáticos característica de ese grupo de edad.
  • Inventario para la Depresión de Beck-II (BDI-II): instrumento de 21 ítems que mide la gravedad de la sintomatología depresiva. Está compuesto por ítems relacionados con sentimientos negativos, cogniciones distorsionadas o síntomas físicos relacionados con la depresión.
  • Cuestionario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI): Instrumento de 20 ítems que evalúa dos dimensiones independientes de ansiedad: ansiedad como estado transitorio y ansiedad como propensión relativamente estable, característica en personas con tendencia a percibir situaciones como amenazantes.


Para más información:

Arnedo, M., Bembibre, J., Triviño, M. (2012). Neuropsicología. A través de casos clínicos. Madrid: Médica-Panamericana.

Rocío Fernández Ballesteros, R. (2004). Evaluación psicológica: conceptos, métodos y estudio de casos. Madrid: Ediciones Pirámide.


Leia Mais…

viernes, 1 de diciembre de 2017

Principales manifestaciones clínicas de la Enfermedad de Parkinson

Para poder conocer mejor una de las principales afecciones que afectan a las personas en proceso de envejecimiento, a continuación describiremos de una forma divulgativa las principales características que definen a la enfermedad de Parkinson.

Pese a que desde la antigüedad se conoce la existencia de pacientes con dificultades motoras y temblores, la enfermedad de Parkinson fue descrita como tal a principios del siglo XIX por James Parkinson, médico británico de quien lleva su nombre. En su tratado An essay on the shaking palsy (1817) denominó a la enfermedad como una parálisis agitante, describiéndola como «aquellos movimientos temblorosos involuntarios, con disminución de la potencia muscular en partes del cuerpo en reposo, incluso si se sujetan, con propensión a encorvar el tronco hacia adelante y a pasar de caminar a correr; los sentidos y el intelecto permanecen indemnes». En términos neurofisiológicos, la enfermedad de Parkinson puede definirse como una afección neurodegenerativa caracterizada por la pérdida progresiva de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra mesencefálica (concretamente, de su parte compacta y de sus proyecciones al núcleo estriado). Esta pérdida provoca una disfunción progresiva de determinados circuitos de los ganglios basales, implicados en el control motor (Jiménez-Jiménez, 2008).


La enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente después de la de Alzheimer, afectando casi a un 1% de la población mayor de 65 años. Actualmente, y tras numerosos estudios e investigaciones sobre la misma, su etiología sigue siendo actualmente desconocida, aunque existe un amplio consenso sobre la implicación de factores genéticos y ambientales que desencadenan el inicio de la enfermedad. En este sentido, es sumamente conocida la sintomatología de tipo motor que caracteriza a esta enfermedad, como son los temblores (el síntoma más conocido, aunque no siempre presente), la lentitud en el movimiento o bradicinesia (el más característico y necesario para el diagnóstico), la rigidez o aumento del tono muscular, la inestabilidad en la postura y la dificultad en la marcha, entre otros síntomas. Sin embargo, en las últimas décadas se están evaluando de igual modo los trastornos no motores, en especial los que afectan a la capacidad cognitiva (como son las funciones ejecutivas y visuoespaciales, y las manifestaciones emocionales y conductuales: depresión, ansiedad, falta de control de impulsos…), que llegan a ser incluso más incapacitantes que el propio componente motor.

No obstante, esta sintomatología no solo aparece en personas mayores, sino que también puede afectar a personas de menor edad: aproximadamente el 20% de los pacientes diagnosticados son menores de 40 años. Su diagnóstico no es tarea fácil: se basa en la anamnesis y en la exploración neurológica del paciente, y es fundamental realizar un diagnóstico diferencial con otras enfermedades neurodegenerativas y una valoración de la evolución clínica y de la respuesta farmacológica para su confirmación. 

Actualmente, no existe una farmacología que cure ni evite la progresión de la enfermedad, aunque tanto el tratamiento quirúrgico como el farmacológico pueden aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente. En nuestro país se calcula que pueden padecer esta enfermedad unas 120.000 personas, una cifra que podría aumentar de forma significativa debido al incremento de la esperanza de vida y al envejecimiento progresivo que actualmente está padeciendo nuestra sociedad.


Para más información:

Arnedo, M., Bembibre, J., Triviño, M. (2012). Neuropsicología. A través de casos clínicos. Madrid: Médica-Panamericana.

Jiménez-Jiménez, F. J., Luquin, M. R., Molina, J. A., Gurutz, C., eds. (2008). Tratado de los trastornos del movimiento, vol. I, 2ª ed. Barcelona: Viguera Editores.


Leia Mais…

sábado, 25 de noviembre de 2017

Factores cognitivos, afectivos y conductuales implicados en la Enfermedad de Parkinson

Es sumamente conocida la sintomatología de tipo motor que caracteriza a la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, en las últimas décadas se están evaluando de igual modo los factores no motores, en especial los que afectan a la capacidad cognitiva (como son las funciones ejecutivas y visuoespaciales) y las manifestaciones afectivas y conductuales (depresión, ansiedad, falta de control de impulsos…), que llegan a ser incluso más incapacitantes que el propio componente motor.

Los factores cognitivos en la enfermedad de Parkinson suponen un continuo que va desde la normalidad hasta la demencia, pasando por estadios intermedios en los que pueden sufrir un deterioro leve sin que el rendimiento cognitivo se vea funcionalmente afectado. Si nos centramos en las posibles alteraciones que pueden sufrir, un componente fundamental del deterioro cognitivo reside en el síndrome disejecutivo, que se caracteriza por una alteración en la iniciación, planificación, abstracción y formación de conceptos, así como una rigidez cognitiva, una escasa capacidad para resolver problemas o una gran sensibilidad a la interferencia. También es frecuente la alteración en la atención sostenida y dividida, además de una reducción en la velocidad del pensamiento.

El deterioro visuoespacial es otro de los factores cognitivos más relevantes que conlleva la enfermedad de Parkinson. Implica a la capacidad para representar mentalmente la forma de los objetos, su localización o su movimiento, lo que puede repercutir, por ejemplo, en tareas cotidianas que requieran orientarse.

En relación a los factores afectivos y emocionales, el aspecto más relevante es la incidencia sobre el estado de ánimo, destacando la apatía, ya que a medida que la persona toma conciencia de que sus dificultades, ello influye en su actividad cotidiana, pudiendo sentirse decaído y desanimado. Es en este punto donde los problemas cognitivos pueden interactuar con los síntomas emocionales y afectivos. En este sentido, en la enfermedad de Parkinson también se han descrito frecuentemente alteraciones generales del estado de ánimo, como depresión y/o ansiedad, y otras más específicas relacionadas con la expresión y reconocimiento de emociones. Por ello, es posible que características como la tendencia al aislamiento social, la soledad e, incluso, la sintomatología depresiva, tengan relación con la dificultad para identificar y expresar estados afectivos en las situaciones sociales (Fernández, 2007).

Respecto a los estados depresivos, aparecen con mayor frecuencia que en la población general y son considerados por algunos autores como posibles predictores del desarrollo de la enfermedad, dado que suelen aparecer incluso antes que los síntomas motores (Arnedo, 2012). La depresión en la enfermedad de Parkinson se asocia a una mayor rapidez del deterioro de las funciones cognitivas y motoras, influyendo de manera importante en la calidad de vida. En este sentido, los afectados con síntomas de rigidez y dificultad para iniciar el movimiento (sobre todo a una edad temprana) tienen mayor probabilidad de padecer trastornos depresivos (Merello, 2008).


Como vemos, se producen numerosos cambios sustanciales en la vida diaria de la persona que sufre la enfermedad de Parkinson y también en la de sus familiares, muchos más aún de lo que comúnmente se sabe sobre esta dolencia. En ocasiones, la situación resulta estresante si son síntomas demasiado intensos o si su duración es demasiado prolongada en el tiempo, interfiriendo en la vida social, familiar, laboral y emocional de la persona. Por todo ello, estos síntomas agravan la enfermedad, traduciéndose en un deterioro de la salud y en un empeoramiento de la calidad de vida, siendo fundamental intervenir sobre ellos de manera eficaz mediante, por ejemplo, psicoestimulación, de la que hablaremos también en este blog.


Para más información: 

Arnedo, M., Bembibre, J., Triviño, M. (2012). Neuropsicología. A través de casos clínicos. Madrid: Médica-Panamericana.

Fernández Espejo, E. (2007). Bases moleculares de la enfermedad de Parkinson. Mente y cerebro, 22 (81-87).

Merello, M. (2008). Trastornos no motores en la enfermedad de Parkinson. Revista de Neurología, 47 (261-270).


Leia Mais…

Aviso legal

Aviso legal
Licencia de Creative Commons. Cualquiera de los textos puede ser reproducido en otros medios sin fines comerciales, contando con la autorización y citando a la fuente original (este blog), así como a su autora. Las imágenes son fotografías realizadas por la administradora o, en su defecto, extraídas de Google y otras plataformas públicas de distribución de imágenes. Rogamos que se ponga en contacto en caso de copyright y por si fuera necesario retirarla.
Mariela Bustos Ortega. Con la tecnología de Blogger.