Aquí os dejamos un vídeo de una película española que trata sobre el Alzheimer a través de una historia entrañable, en la que dos compañeros que conviven en una residencia de ancianos reviven momentos de su juventud. Su amistad va creciendo, aunque la memoria de uno de ellos se va viendo cada vez más mermada. A través de conversaciones llenas de espontaneidad, naturalidad y realismo, nos adentraremos en el diagnóstico inicial y en la evolución que trae consigo esta enfermedad, así como el afrontamiento que demuestran sus familiares a lo largo de la historia. Muy recomendable.
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lunes, 18 de diciembre de 2017
sábado, 16 de diciembre de 2017
Psicoestimulación cognitiva en personas mayores
La psicoestimulación cognitiva es una herramienta terapéutica muy recomendable para mantener el estado cognitivo y mejorar la calidad de vida y la autonomía de los pacientes con demencia, sobre todo en pacientes que están en las primeras fases de la enfermedad. En este sentido, hasta en un 75% de los casos de demencia leve-moderada este tipo de terapia puede utilizarse como estrategia terapéutica, resultando beneficioso tanto para el paciente como para la familia. Es por ello que la estimulación cognitiva es una de la terapias no farmacológicas más utilizada y eficaz, sobre todo si es combinada con otras actividades como leer, escribir, practicar juegos de mesa, hacer puzles, escuchar música...
Adentrándonos en el contenido de la mayoría de programas de psicoestimulación cognitiva podemos destacar que abarcan un conjunto de estímulos que pretenden incrementar la actividad de las habilidades cognitivas (atención, calculo, memoria, lenguaje, razonamiento y praxias) para así mantener preservadas las funciones intelectuales el máximo tiempo posible y poder restaurar la autonomía de la persona mayor. En este sentido, no se trata de una sobreestimulación desorganizada, sino de una estimulación lo más individualizada posible y, por lo tanto, adecuada a las capacidades funcionales.
Los pasos para aplicar este tipo de programas pueden seguir la siguiente estructura (Arriola e Inza, 1999):
1. Realización de un examen cognitivo para conocer el estado de los pacientes.
2. Formación de los grupos: se recomienda grupos de unas 15 personas y subgrupos de trabajo de 2- 4 personas, lo más homogéneas posibles.
3. Aplicación del programa en un período de 10 – 12 semanas. Al cabo de dos meses se podrá realizar una valoración, ya que en este periodo de tiempo se puede comenzar a ver una evolución en los pacientes.
4. Evaluación final: una vez concluido el programa, se realizará una evaluación de la funcionalidad de este mediante el mismo examen cognitivo realizado en el primer punto.
3. Aplicación del programa en un período de 10 – 12 semanas. Al cabo de dos meses se podrá realizar una valoración, ya que en este periodo de tiempo se puede comenzar a ver una evolución en los pacientes.
4. Evaluación final: una vez concluido el programa, se realizará una evaluación de la funcionalidad de este mediante el mismo examen cognitivo realizado en el primer punto.
martes, 12 de diciembre de 2017
La Terapia Cognitivo-Conductual aplicada a enfermedades neurodegenerativas
La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) resulta de gran ayuda en enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson o el Alzheimer, en las que es necesario prestar apoyo para saber gestionar los síntomas de la mejor manera posible. En ella, se diseñan estrategias para el establecimiento de tareas, pautas de conducta funcional y patrones de pensamiento adaptativos. Los resultados a nivel científico en cuanto a su eficacia no son determinantes, aunque parecen contribuir positivamente al manejo de los factores emocionales y conductuales (Rothstein, 2010).
En primer lugar, en la TCC se interviene enseñando a reconocer los estilos de pensamiento disfuncionales o desadaptativos para el paciente, como, por ejemplo, pensamientos autodespreciativos o catastrofistas sobre la enfermedad. Para ello, es necesario entrenar al paciente en la reflexión de su propia manera de pensar y plantearse qué aspectos son conflictivos y cuáles no. De este modo, se persigue incrementar la capacidad crítica del paciente, adecuar sus estrategias de categorización (por ejemplo, definir qué es éxito y qué es fracaso) y detectar patrones de pensamiento erróneos. Este proceso de cambio y de reconocimiento por parte del paciente se lleva a cabo a través de un debate o diálogo socrático. Así, el paciente reconocerá los aspectos cognitivos que le producen malestar para así actuar sobre ellos, como el hecho de sentirse inferior o incapacitado por su enfermedad, iniciándose así la reestructuración cognitiva de esos patrones.
Por parte del terapeuta será fundamental aportar un feedback necesario al paciente para que sea capaz de detectar las contradicciones o las conclusiones erróneas, consecuencias de sus estilos de pensamiento y esquemas cognitivos. Además, se le planteará preguntas y se le remarcará aseveraciones hechas por el propio paciente para que profundice en el análisis de su pensamiento.
En segundo lugar, la TCC intervendrá sobre los aspectos cognitivos desadaptativos anteriormente detectados. Esto conllevará fijar unos objetivos concretos a cumplir y entrenar al paciente para que sea capaz de determinar las estrategias que lo acercan y lo alejan de estas metas. Además, como los objetivos han sido definidos de forma objetiva, será más sencillo evaluar la progresión y el ritmo en el que se producen y, si es necesario, introducir cambios en el programa de intervención.
Las metas u objetivos planteados en las sesiones de la TCC pueden abarcar, por ejemplo, minimizar significativamente los efectos no motores de la enfermedad, abandonando el estilo de pensamiento negativo y depresivo y disminuyendo un aislamiento social por parte del paciente. En definitiva, problemáticas formadas por un componente material y por un componente subjetivo o emocional.
Por parte del terapeuta será fundamental aportar un feedback necesario al paciente para que sea capaz de detectar las contradicciones o las conclusiones erróneas, consecuencias de sus estilos de pensamiento y esquemas cognitivos. Además, se le planteará preguntas y se le remarcará aseveraciones hechas por el propio paciente para que profundice en el análisis de su pensamiento.
En segundo lugar, la TCC intervendrá sobre los aspectos cognitivos desadaptativos anteriormente detectados. Esto conllevará fijar unos objetivos concretos a cumplir y entrenar al paciente para que sea capaz de determinar las estrategias que lo acercan y lo alejan de estas metas. Además, como los objetivos han sido definidos de forma objetiva, será más sencillo evaluar la progresión y el ritmo en el que se producen y, si es necesario, introducir cambios en el programa de intervención.
Para más información:
Merello, M. (2008). Trastornos no motores en la enfermedad de Parkinson. Revista de Neurología, 47 (261-270).
Rothstein, T. L., Warren C. (2010). La cara oculta de la enfermedad de Parkinson. Mente y cerebro, 40 (73-81).
Rothstein, T. L., Warren C. (2010). La cara oculta de la enfermedad de Parkinson. Mente y cerebro, 40 (73-81).
Escrito por Mariela B. Ortega
domingo, 10 de diciembre de 2017
Enfoques terapéuticos multidisciplinares en enfermedades neurodegenerativas
- Intervención psicológica en ansiedad y/o depresión. Conlleva sesiones individuales con el paciente y la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales (entrenamiento en técnicas del control de la activación, resolución de problemas, reestructuración cognitiva…). Está indicada en pacientes en los que sigue preservada la capacidad de introspección. Sus objetivos son incrementar la autoestima y control emocional y reducir los sentimientos de ansiedad y depresión. Una serie de pautas a seguir serían:
- Cambiar las circunstancias que desencadenen su angustia.
- Eliminar excitantes como ciertos alimentos o bebidas.
- Mejorar su autoestima mediante refuerzos positivos y aprobación para desarrollar su control emocional.
- Facilitar un entorno seguro y animado donde pueda realizar actividades lúdicas.
- Intervención psicológica ante sintomatología psiquiátrica y conductual. Destaca la técnica de validación, una terapia de comunicación desarrollada por Naomi Feil basada en una actitud de respeto y empatía hacia el paciente. Por otra parte, actuar en la modificación de conducta a través de técnicas operantes (análisis de conducta A-B-C), para desarrollar/mantener conductas adaptativas (por ejemplo, a través del refuerzo verbal de conductas) y reducir/eliminar las disfuncionales (por ejemplo, mediante la retirada de atención). Si, además, se dan síntomas como alucinaciones, agresividad o agitación, plantearemos:
- Buscar el motivo que ha desencadenado la alucinación y cuándo.
- Vigilar los fármacos que está tomando, sobre todo si el paciente no pide ayuda o no se deja ayudar.
- No discutir, ya que para el enfermo la percepción es real y si negársela con lógica puede provocar irritabilidad o agresividad.
- Distraer y centrar gradualmente su atención en algo placentero, cambiando de ambiente y actividad.
- Adoptar una postura empática y receptiva. La sonrisa puede, a veces, reducir una crisis de agresividad.
- Intervención grupal: Aporta una serie de beneficios adicionales al tratamiento psicológico individual, como aprender recursos para afrontar la enfermedad con el intercambio de experiencias entre otras personas que viven problemas similares, disminuir el sentimiento de soledad y de aislamiento, y ampliar recursos de apoyo psicosocial. Algunas de estas intervenciones grupales pueden pasar por programas psicoeducativos, por técnicas de resolución de problemas y de afrontamiento de estrés y por un entrenamiento para mantener la red social.
Etiquetas:
alteraciones emocionales,
evaluación psicológica,
intervención,
Parkinson
martes, 5 de diciembre de 2017
¿Con qué instrumentos puede evaluar un psicólogo una enfermedad neurodegenerativa?
A continuación destacamos una serie de instrumentos, herramientas y cuestionarios validados con el fin de explorar la sintomatología asociada a enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson, así como evaluar aquellas consecuencias derivadas de diversos factores emocionales, cognitivos y conductuales. Es importante recordar que resulta primordial una recogida previa de datos y experiencias de la persona, así como una entrevista previa en la que se pueda obtener la máxima información posible con la que luego trabajar y poder completar los resultados obtenidos de los siguientes instrumentos. Toda persona es única y diferente, por eso es importante apoyarnos y centrarnos en la individualidad que sus propias vivencias nos transmitan.
- Cuestionario de Síntomas no Motores en Enfermedad de Parkinson (PD NMS Quest): se trata de una lista de 30 problemas conductuales, cognitivos y afectivos en los que el paciente determinará si le han ocurrido durante el último mes, tales como alteraciones en la percepción, nerviosismo, miedo, problemas atencionales o sentimientos de desesperanza en su vida diaria.
- Escala de Hoehn y Yahr: instrumento utilizado para evaluar el aspecto motor en la enfermedad de Parkinson. Evalúa cinco estadios de progresión de la enfermedad, desde síntomas leves hasta la dependencia total.
- Escala Intermedia de Valoración para la Enfermedad de Parkinson: determina posibles alteraciones en el lenguaje, en la ingesta y diversas conductas motoras autónomas, como la higiene o el vestido. Además, valora la presencia de discinesias y las fluctuaciones temporales que se dan en las distintas conductas.
- Cuestionario de calidad de vida en la Enfermedad de Parkinson (PDQ-39): determina la frecuencia de conductas disfuncionales, sentimientos negativos y actitudes problemáticas presentadas como consecuencia de padecer la enfermedad.
- Alzheimer Disease Assessment Scale (ADAS): Escala de Evaluación de la Enfermedad de Alzheimer, formada por 11 ítems que evalúan las dimensiones cognitivas (lenguaje, memoria, praxis)y no cognitiva (neuropsiquiátricos).
- Test del Reloj: esta prueba se utiliza para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia, evaluando la percepción visual, la coordinación visomotora, la capacidad visoconstructiva y de planificación y la ejecución motora. Así, se pueden valorar diversas funciones cognitivas de la persona, como el lenguaje, la memoria a corto plazo, las habilidades visoespaciales...
- Escala de Schwab y England: también valora la capacidad funcional en una escala del 0 al 100%.
- Escala Unificada de Valoración de la Enfermedad de Parkinson (UPDRS): consta de cuatro subescalas con un total de 45 ítems, usada para describir la progresión de los síntomas motores y no motores, determinando las limitaciones en las actividades diarias.
- Otras escalas para evaluar habilidades funcionales: Índice de Actividades de la Vida Diaria (Katz), Índice de Actividades de la Vida Diaria de Barthel, Escala de Actividades de la Vida Diaria Instrumentales de Lawton y Brody, Escala de Incapacidad Física de la Cruz Roja y Cuestionario del Informador (IQCODE)
- Escalas clínico-evolutivas de gravedad del deterioro: Clinnical Demetia Rrating (CDR) y Global Deterioration Scale (GDS).
Aunque los siguientes instrumentos no sean propios de la evaluación neuropsicológica de demencias, sí sería recomendable su aplicación profesional debido a la sintomatología que subyace a estas enfermedades. Como ya hemos destacado en anteriores entradas de este blog, un envejecimiento patológico abarca más allá de los característicos síntomas físicos, extendiéndose su presencia a determinadas alteraciones en el ámbito cognitivo, conductual y emocional.
- Mini-Mental State Examination (MMSE): breve cuestionario de 30 ítems utilizado para detectar el deterioro cognitivo y posibles demencias en pacientes con alteraciones neurológicas.
- Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage (GDS): escala autoaplicada de respuesta dicotómica (sí/no) que permite identificar síntomas depresivos en personas ancianas, evaluando además la sobrevaloración de síntomas somáticos característica de ese grupo de edad.
- Inventario para la Depresión de Beck-II (BDI-II): instrumento de 21 ítems que mide la gravedad de la sintomatología depresiva. Está compuesto por ítems relacionados con sentimientos negativos, cogniciones distorsionadas o síntomas físicos relacionados con la depresión.
- Cuestionario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI): Instrumento de 20 ítems que evalúa dos dimensiones independientes de ansiedad: ansiedad como estado transitorio y ansiedad como propensión relativamente estable, característica en personas con tendencia a percibir situaciones como amenazantes.
Para más información:
Arnedo, M., Bembibre, J., Triviño, M. (2012). Neuropsicología. A través de casos clínicos. Madrid: Médica-Panamericana.
Rocío Fernández Ballesteros, R. (2004). Evaluación psicológica: conceptos, métodos y estudio de casos. Madrid: Ediciones Pirámide.
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